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Los 20 de la carrera de Especialización de Derecho Ambiental de la UCA
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  • 18/02/2021

Hace poco mas de cinco años, el 12 de diciembre de 2015, las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (“CMNUCC”), firmada en la histórica convención de Rio del ’92; lograron un acuerdo para intensificar las acciones e inversiones necesarias que posibiliten reducir la emisión de gases de efecto invernadero (“GEI”) a niveles que permitan mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar aun mas el aumento de la temperatura a 1,5 grados centígrados.

Los antecedentes que derivaron en el Acuerdo de Paris merecen de una reflexión aparte, por lo que quisiéramos enfocar esta editorial en algunas preguntas: ¿que significo el Acuerdo de Paris en el 2015? ¿Cómo fue impactado por la pandemia de SAR-COV2 (COVID-19) ?, ¿Cómo se resignifico con el triunfo del presidente Biden en Estados Unidos de América? y, finalmente, ¿Qué significa el Acuerdo de Paris como sociedad?

Sobre el significado del Acuerdo de Paris, vale recordar que el 2009 había sido el año en el que se habían puesto las esperanzas para lograr un acuerdo en materia de Cambio Climático, específicamente en la XV Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (COP 15) celebrada en Copenhague, Dinamarca. La reunión, sin embargo, termino sin que las partes hubieran logrado acuerdos vinculantes en relación con las emisiones que provocan el cambio climático. En consecuencia, el logro del Acuerdo de Paris significo un avance político sin precedente, que hoy debe ser resignificado.

La pandemia del SAR-COV2 (COVID-19) puso a la humanidad de manera mas tangible y patente frente a una amenaza global, dando un nuevo impulso a la difusión de la problemática ambiental en general y del problema del Cambio Climático en particular. Esta situación, una vez más, resignifica la importancia del acuerdo logrado en Paris en el 2015 y de la necesidad de un abordaje riguroso de esta cuestión. El rumbo está marcado, faltan las acciones concretas para la implementación.

En este contexto, la agenda del presidente Biden parece indicar un cambio de tendencia. Vale la pena recordar el impacto de las ideas de Trump tanto en la geopolítica ambiental (solo así se entienden las políticas del presidente de Brasil de monetizar el amazonas) como en el marco de los negocios (como ejemplo, el índice denominado Nasdaq Veles California Water Index (NQH2O) creado en 2018 que sigue el precio de los derechos sobre las aguas en el Estado de California, Estados Unidos de América, que comenzó a operar en el mercado de futuros bajo el paraguas del Grupo CME (plataformas CME Globex y CME Clear Port).

Todos estos fenómenos son muestra de la necesaria revisión de la visión (y políticas) que como sociedad nos debemos; revisión que no puede omitir los consensos logrados en el Acuerdo de Paris, pero que deben necesariamente articularse con el cuidado del planeta.

Como siempre, la renovada edición de la Carrera de Especialización en Derecho Ambiental de la UCA, que se prevé será completamente virtual en el marco de la dinámica situación epidemiológica imperante, renovará el compromiso asumido hace 20 años, incorporando de manera central la temática de la sustentabilidad, los nuevos enfoques para la transición a una economía de baja o nula emisión de carbono y las herramientas para lograrlo (reportes GRI, enfoques ESG, entre otros). Todo ello, sin descuidar la base del Derecho Ambiental contemporáneo cuyos pilares incluyen la Responsabilidad por Daño Ambiental, la Gestión Ambiental desde la Empresa y desde el Estado (en sus tres niveles: federal, provincial y municipal), al análisis de los marcos normativos de los recursos naturales en particular y las novedades que los grandes foros internacionales seguramente traerán (COP26 – UK 2021).

Transitamos una década que sin dudas marcará una diferencia y aspiramos a ser parte de los difusores de un cambio basado en el hombre ético y la empresa sustentable.

Eduardo Andrés Pigretti

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Alianza con el Observatorio de Deforestación
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  • 10/11/2020

Transformar la deforestación en regeneración

Firmamos un acuerdo de colaboración con el Observatorio de Deforestación, que nos permitirá unirnos para generar y difundir información que contribuya con el cese de la deforestación y la degradación de ambientes naturales.

Este proyecto estratégico se basa en la criticidad de la pérdida de superficies de bosque:

  • Cada minuto se pierden 17 canchas de fútbol
  • Cada día se pierden 22.000 hectáreas, el tamaño de la Ciudad de Buenos Aires
  • Cada año se pierden por deforestación 8.000.000 de hectáreas, el tamaño de Austria.

La disminución de áreas forestadas se debe en un 80% a la presión de la agricultura y la ganadería, y en un 20% a incendios forestales y urbanizaciones. La pérdida por deforestación equivale al 11% de las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

El proyecto desarrolla a través de tecnología satelital una serie de reportes gráficos sintetizados sobre estas pérdidas, y genera un sistema de análisis y comunicación periódica sobre las dinámicas y transformaciones que sufren los bosques y ambientes naturales, brindando información que genere conciencia en la sociedad, para transformar la deforestación en regeneración.

La iniciativa acompaña la materialización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 13 y 15 que tienen como meta adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos y gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

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Nuestra Transformación para Continuar con el Cuidado de la Naturaleza
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  • 10/11/2020

El equipo que hoy trabaja en SADARN, al cual tengo el honor de liderar, despidió este año a su fundador y máximo referente: el Profesor Emérito Dr. Eduardo A. Pigretti.

El pensamiento de nuestro fundador será motivo de otras publicaciones, pero queremos aprovechar esta oportunidad para contarles la manera en la que esperamos cuidar su legado.

Vemos con mucho interés que, a pesar de las enormes dificultades para la subsistencia que los seres humanos seguimos poniendo frente al planeta y a nosotros mismo, existen algunos vectores de transformación que siguen alimentando la esperanza en un mundo no muy distinto al que conocemos, para el disfrute de las próximas generaciones.

La Pandemia de Covid-19 sin dudas esta trastocando estos vectores, pero tendrá un fin y, cuando pase, dejará el foco puesto en dos cuestiones: la social y la ambiental.

La cuestión ambiental estuvo históricamente relacionada con la difusión de la conciencia ambiental. Así ocurrió con el contexto en el cual adquiere renombre el libro de Rachel Carson Primavera Silenciosa o la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano celebrada en Estocolmo en el año 1972. Sin embargo, implementar esos valores compartidos por casi toda la humanidad, ha resultado ser una tarea compleja.

En una de sus entrevistas radiales, Borges realizo la siguiente reflexión: “El Estado es el enemigo común ahora; yo querría, lo he dicho muchas veces, un mínimo de Estado y un máximo de individuo (…). Para eso se necesitaría una humanidad ética, y además, una humanidad más fuerte de lo que es ahora, de lo que somos nosotros; ya que sin duda, somos muy inmorales y muy poco inteligentes comparados con esos hombres del porvenir”.

En nuestro análisis de situación vemos con atención el surgimiento de un hombre sustentable, una idea que tímidamente advertimos en el trabajo Daño Ambiental del año 2014, reordenando sus valores cotidianos con independencia de las tendencias políticas, que por momentos abusan de una problemática respecto de la que todos estamos de acuerdo: necesitamos del planeta para vivir y para que nuestros hijos y nietos vivan.

La preocupación por la cuestión ambiental que surge a partir de la década del setenta, y que es uno de los objetivos de SADARN, es parte de los   mismos valores que se encuentran en los orígenes del Derecho Ambiental moderno y que actualmente están siendo redefinidos por la sociedad.

Al mismo tiempo, y luego de diversos escándalos empresariales, asistimos al desarrollo de nuevas tendencias por parte de las empresas, que van más allá de la legalidad y buscan respuestas y estándares que escapan el limitado, pero necesario, formalismo del cumplimiento normativo o de los reportes e índices de sustentabilidad.

Estas nuevas tendencias implican establecer un tono en la organización que, desde lo más alto, imponga un cambio cultural que conlleve la armonización entre el desarrollo y el ambiente, asegurando el cumplimiento de los requisitos legales y los éticos. En la misma línea se mueven los grandes líderes políticos como Angela Merkel.

 Las proyecciones de estas nuevas tendencias son enormes. Pasaremos de ver empresas automotrices que intentan engañar con software para evitar una regulación, como lo muestra el primer episodio de la serie Dirty Money dirigida por Alex Gibney, a empresas automotrices preocupadas por la trazabilidad de las materias primas con las que deben construir los autos del futuro.

Estas dos incipientes tendencias y más importante aún, su convergencia, tienen un potencial transformador enorme que seguramente termine impactando en la política nacional e internacional que siempre nos sorprende con sus diagnósticos, pero que pierde por momentos la capacidad transformadora que el problema requiere. Si se sumara la política, podríamos estar finalmente en presencia del inicio de la extinción del Derecho Ambiental en manos de un hombre sustentable, una empresa ética y, posiblemente, de políticas a favor del planeta que reconozcan e integren la dimensión humana.

La luz que vemos al final del túnel contrasta con algunos diagnósticos complejos, no solo relacionados con el planeta, sino también con el hombre que lo habita. En este sentido, son interesantes las líneas de orientación y acción que propone el Papa Francisco en su Encíclica Laudato Sí.:

  • El estado actual del mundo es consecuencia de la particular situación por la que está atravesando el ser humano. Y esto nos lleva a una cuestión medular: cuál es la situación del hombre respecto del ambiente.
  • Las cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces.
  • Hacen falta marcos regulatorios globales que impongan obligaciones y que impidan acciones intolerables, como el hecho que empresas o países poderosos expulsen a otros países residuos e industrias altamente contaminantes.
  • Urge la presencia de una verdadera autoridad política mundial.
  • No solo hay ganadores y perdedores entre los países, sino también dentro de los países pobres donde deben identificarse diversas responsabilidades.
  • Son funciones impostergables de cada Estado planificar, coordinar, vigilar y sancionar dentro de su propio territorio.

Asimismo, el Sumo Pontífice le asigna un rol fundacional al derecho, al señalar que: Un factor que actúa como moderador ejecutivo es el derecho, que establece las reglas para las conductas admitidas a la luz del bien común. Y que dado que el derecho se muestra a veces insuficiente debido a la corrupción, se requiere de una decisión política presionada por la población.

El mayor potencial de desarrollo se encuentra en la propuesta del Papa Francisco respecto de cambiar el modelo de desarrollo global: ya no basta con conciliar el desarrollo y el cuidado del ambiente, sino que hay que redefinir el progreso. Sobre este punto el sumo pontífice es fulminante al señalar que “el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing”.

La tarea que queda por delante es titánica, pero pocas organizaciones tienen el faro que nuestro fundador nos brindó:

La noción de calidad de vida, se vincularía a un concepto superior de felicidad, objetivo hacia el cual el hombre tiende en todo su quehacer vital.

La visión del Profesor Emérito Eduardo A. Pigretti y su legado nos invitan a renovar el compromiso por la necesaria revolución para que, tal como prescribe el Articulo 41 de la Constitución Nacional de la República Argentina, “todos los habitantes gocen del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y para que esos mismos habitantes puedan adecuadamente cumplir con su deber de preservarlo”.

Eduardo Andrés Pigretti

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